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Patricia Álvarez en su pasaje favorito, el que dio origen a la cuenta: el San Carlos. /Foto: IG@patogioffph.

En su cuento “El otro cielo” Julio Cortázar describe a un personaje de vida monótona que puede ser otro y vivir en la París bohemia del siglo XIX con solo transitar el Pasaje Güemes. Como si ese espacio en galería que aún hoy conecta las calles Florida y San Martín fuese el escenario adecuado para toda clase de magias y transformaciones.

Algo de esa magia reflejan tanto las fotos como las historias que Patricia Álvarez reúne en su cuenta de Instagram @buenosaires.pasajes en la que rastrea imágenes, anécdotas y curiosidades no solo del Güemes sino también de los más de mil pasos de este tipo que, asegura, esconde la Ciudad de Buenos Aires. La mayoría se originó a partir de 1880, por la dubsidivisión de las propiedades de las familias patricias porteñas.

“Hay varias definiciones de pasaje. Muchas veces me pregunté por qué terminé fotografiando ese tema e investigándolo. Pasaje puede ser el  paso entre dos calles, calle estrecha y corta, pero también puede ser un pasaje de un escrito, cosa que también es una forma de expresarme. Así,  el arte me ronda y me facilita la expresión. Además nuestra vida completa es un pasaje, No importa la fe pero quien más quien menos entiende que podemos llegar a trascender”, define Álvarez.

Pero esa cuenta que por estos días tiene más de 23.700 seguidores (“Crece mucho por temporadas. Lo que más me interesa es la interacción y tengo un grupo fiel que siempre comenta o suma datos”, se enorgullece Patricia) le nacieron dos hermanos menores: salidas y encuentros para hacer fotos a las que están invitados profesionales y aficionados y un podcast en el que rastrea no solo la historia de los pasajes más emblemáticos, sino los testimonios de quienes los pusieron en valor o vivieron en ellos. También un libro objeto con textos y palabras sobre algunos de esos espacios emblemáticos, que, por ahora es solo un proyecto.

La fotgrafa saca con celular o con cmara Foto IGpatogioffph
La fotógrafa saca con celular o con cámara. /Foto: IG@patogioffph.

Recuerda Álvarez que no se dedica profesionalmente a la fotografía sino que trabaja diariamente como secretaria en un hospital privado que desde chica tomaba fotos con una Polaroid y que le gustaba hacer retratos. Fue su esposo Sergio, quien tras el nacimiento de sus hijos Tiago y Tobías, que se llevan dos años, la impulsó a retomar aquel hobby de la infancia.

“Él me regaló una cámara digital y antes de eso conseguimos que unos amigos nos prestasen una en unas vacaciones”, precisa. Entonces para compatibilizar con la maternidad eligió tomar clases en la Escuela Argentina de Fotografía y comenzó a poner la lente de sus cámaras o su celular en los edificios del barrio de Almagro -donde vive y trabaja- que veía cada día pero desde otra óptica, para redescubrir detalles y fachadas.

“Tenía un amigo que vivía en el Pasaje San Carlos que tiene entrada por la calle Quintino Bocayuva al 100 y había sacado fotos ahí que los mismos vecinos compartían. Así que me pareció que los pasajes eran un buen tema para una cuenta de Instagram. La gesté en plena pandemia”, relata.

Suea con hacer un libro que rena sus fotos e historias Foto IGpatogioffph
Sueña con hacer un libro que reúna sus fotos e historias. /Foto: IG@patogioffph.

Las primeras imágenes de su cuenta datan de junio de 2020 y no se alejan demasiado de la zona de Rivadavia y Medrano ya que las sacó cuando comenzaron a flexibilizarse las medidas por el aislamiento y se habilitaron pequeños paseos a pie. Entre los primeros pasos urbanos que recorrió, después del San Carlos llegaron el de La Piedad (en Bartolomé Mitre al 1500, del barrio de San Nicolás), el Verdier (de Deán Funes al 500) y el del Inca (entre Salguero y Medrano en Almagro).

Otros proyectos

 
Pero no todos son fotos en la cuenta. Así lo precisa la reportera aficionada que volvió a tomar clases con Mario Passera: “Además de poner imágenes cuento su historia. Algunos no son pasajes pero se perciben como tales. Además hay diferencias entre los que son llamados cul de sac, es decir que tienen una sola entrada como el San Carlos y los que tienen dos o más, incluso por la misma calle como el de la Piedad. También hay otros que originalmente estaban abiertos y ahora fueron cerrados por los vecinos como el Colombo, en Balvanera, en Rivadavia al 2400”.

Foto IGpatogioffph
Foto: IG@patogioffph.

A la hora de compartir sus descubrimientos, «Pat» habla del Pasaje El signo, en Almagro, que mezcla edificios con casas de aspecto colonial, que lleva su nombre porque se cree que funcionaba en él una secta satánica. “El Pasaje Sarmiento (Rivadavia al 2600) es un patio andaluz casi escondido en Once; y el Arribeños (en Belgrano) tiene un jardín privado al que se accede por una puerta que tiene una contraseña que sólo conocen los vecinos”, enumera.

Junto a las galerías de fotos y anécdotas, también llegaron las salidas para hacer fotografías por los pasajes de distintos barrios porteños como San Telmo, Monserrat, Palermo, La Boca y Almagro. “Las organizamos con la cuenta @bsas_callejera donde luego se publican las imágenes. Para que sean más interesantes solemos sumar a algunos recreacionistas históricos o performers como Lucía Kern de Fuerza Bruta o alguien que hace de Chaplin para que aparezcan en las imágenes”.

Casi desde el comienzo también comenzó a atesorar postales e historias o datos curiosos de unos cuantos pasajes que quiere convertir en un libro objeto. Pero en los últimos meses sumó también un podcast De pasajes, producido por Llanque Glecer que ya cuenta con cinco episodios de entre 10 y 15 minutos en Spotify.

En ellos conversa con el arquitecto Mariano Arbotto (@marianoarq_) sobre el Pasaje Rivarola; el artista plástico Gonzalo Prieto (@gonzalo__prieto) que intervino uno de Palermo; Pedro Balanzat, quien habitó en su infancia el Colombo de Balvanera; Pedro Bisman (@un_transeunte_cualquiera), un historiador que rescata los pasajes que se han perdido en el trazado urbano; y Adriana Cichero, @lareinadelascupulas.

“El podcast surge como un intento de vincular a los pasajes con algo más, que sean punto de partida pero no terminar en ellos, ir más allá, que nos lleven al arte, a la historia, a la anécdota, a lo vivido”, explica. “El Pasajel Seaver, por ejemplo, quedaba en Retiro y se accedía a través de una escalinata. Fue demolido cuando se ensanchó la Avenida 9 de Julio. Ahí había una confitería emblemática que se llamaba Can Can y el estudio de una bailarina que organizaba las muestras en las escaleras”, apunta Álvarez, siempre dispuesta a compartir sus hallazgos con especialistas en el tema o vecinos que disfrutan de conocer detalles del lugar en el que viven.

La vuelta a Buenos Aires en sus pasajes favoritos

A la hora de recorrer la ciudad a través de esos espacios urbanos que conectan calles o proponen una escapada a los vecinos  Álvarez selecciona algunos por motivos históricos y otros, simplemente por el afecto.

Pasaje San Carlos (Quintino Bocayuva 151, Almagro )

Pasaje San Carlos Foto Patricia lvarez
Pasaje San Carlos. /Foto: Patricia Álvarez.

«Es el que más me gusta porque soy salesiana. Fui al Colegio María Auxiliadora de San Isidro y elegí otro colegio con la filosofía de Don Bosco para mis hijos. Desde ese pasaje se ve la basílica de María Auxiliadora y ese barrio al que me traían cuando era chica es mi lugar en el mundo.  Brinda la distancia justa para que al llegar a su extremo no se termine, das la vuelta y ves la virgen, tas cúpulas, tan imponente y tan simple a la vez».

Pasaje Colombo (Rivadavia 2431 a Azcuénaga 34, Once)

Pasaje Colombo Foto Patricia lvarez
Pasaje Colombo. /Foto: Patricia Álvarez.

«Era área de acceso exclusivo para bomberos y ambulancias, entradas principales para las viviendas de la zona. En 1890 el terreno es adquirido por La Edificadora, cuya intención era comprar los terrenos para construir casas y venderlas a los socios. En 1930 Carlos Colombo adquirió el pasaje para renta».

«Es señorial y tuvo una puesta en valor. El portón que lo cerró al público acompaña la majestuosidad de las fachadas. Una placa cuenta que el pasaje formó parte de la casa de Antonio González Varela, un vecino pionero al que apodaban “Miserere” y le dio nombre a la estación de trenes. Hay otra placa que dice que allí vivió el escritor Leopoldo Marechal pero la familia dice que fue en la cuadra siguiente».

Pasaje La Piedad (Bartolomé Mitre 1525 y 1573, San Nicolás)

Pasaje de la Piedad Foto Patricia lvarez
Pasaje de la Piedad. /Foto: Patricia Álvarez.

«El pasaje de La Piedad fue construído por Arturo Gramajo a pedido de su esposa María Adela Saraza de Atucha, entre 1888-1900, en tierras adquiridas por su padre, Jorge Atucha, en fracciones. Hubo un largo proceso de construcción. Es hermoso y tiene una vista privilegiada de la iglesia de La Piedad. Tiene dos administraciones, una por cada entrada».

Pasaje Verdier  (Deán Funes 583, Balvanera)

Pasaje Verdier Foto Patricia lvarez
Pasaje Verdier. /Foto: Patricia Álvarez.

«Según el arquitecto Rolando Schere este pasaje data de 1911, construído a pedido de Celestino Verdier como un espacio de comunicación privado entre dos edificios.. Es de los que está muy bien conservado pero además tiene una historia pintoresca. Cuentan que la famosa Rubia Mireya, célebre en los tangos, se llamaba Margarita Verdier y era hija de quien construyó el pasaje. Andaba pobre y harapienta pidiendo limosna en la entrada y alguien la echó pero ella dijo quién era. Entonces su interlocutor le dijo que él se llamaba Carlos Gardel, para burlarse de ella pero se convenció cuando ella le mostró su documento».

Pasaje General Paz (Zapata 552 y Ciudad de la Paz 561, Colegiales)

Pasaje General Paz Foto Patricia lvarez
Pasaje General Paz. /Foto: Patricia Álvarez.

«Es imponente. Fue construído en 1925 y originalmente  su finalidad era generar casas de alquiler, como viviendas colectivas. El proyecto estuvo a cargo de la empresa Gustavo Taddía y su arquitecto fue Pedro Vinent, un precursor de la idea de casas de mejor calidad para los inmigrantes y una alternativa a los conventillos. Tiene baldosas en damero, bancos en mayólicas adosados a las paredes que dan un aire andaluz al sector y balcones conectados por puentes para que los vecinos pudiesen tener contacto».

Pasaje Bernardo Vélez (La Pampa entre la calle Conesa y la Avenida Crámer, Belgrano)

Pasaje Bernardo Vlez Foto Patricia lvarez
Pasaje Bernardo Vélez. /Foto: Patricia Álvarez.

«Algo más intimista, más reservado. Cuando traspones el límite, entrás a otro mundo.
La vegetación, la construcción todavía baja (salvando el edificio grande de Fitte), la tranquilidad atraen a los vecinos e intrigan a los visitantes».

Pasaje Dantás  (Cuenca 2100, Villa Santa Rita)

Pasaje Dantas Foto Patricia lvarez
Pasaje Dantas. /Foto: Patricia Álvarez.

«Está muy bien conservado y es un oasis en el medio de la ciudad.  Antiguamente se llamó Ramos Garmendia, ya que la antigua propietaria de los terrenos por donde se trazó la calle era Josefa Ramos de Garmendia. Homenajea a  Julio Dantas que llegó a ser Comisario de la Policía y Diputado Nacional y fue miembro de la Convención que reformó la Constitución Nacional en 1898».